Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo cuarto: 'El amor ha provocado en todo el mundo más desgracias que muchas otras enfermedades. No entiendo por qué nadie se ha preocupado de buscarle una vacuna' (Camilo José Cela, 1916 - 2002; escritor español)
Desde muy antiguo, la mujer dice que el hombre es, entre otras muchas lindezas, cruel, despiadado, bravucón, egoísta, traidor, ingrato, agresivo, fantasma, depredador, jugador compulsivo de videojuegos, sucio, comodón, lujurioso, infiel, canalla y embustero.
Y, por añadidura, fanático de los partidos de fútbol.
El hombre sostiene que la mujer es, entre otras muchas exquisiteces, cotilla, terca, taimada, lenguaraz, astuta, obstinada, cruel, infiel, charlatana, lasciva, tozuda, trapecera, despiadada, lujuriosa, y embustera.
Y, por si fuera poco, gorda.
Es asombroso que teniendo estas opiniones los hombres y las mujeres unos de otros, hayan accedido ambos a colaborar tanto en las maniobras indispensables para la perduración de la especie. Y tantas veces. ¿Verdad?
Tengo el día reflexivo. Los lunes es lo que tienen.
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Última edición por Incubo fecha: 02-06-2008 a las 10:04 PM.
Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo tercero: “El que sabe que suficiente es suficiente siempre tendrá suficiente. (Lao-Tsé, 570- 490 a. C.; filósofo chino)
Hay preguntas tópicas que uno nunca entiende por qué la gente no las contesta con lógica. Por ejemplo, ¿qué te llevarías a una isla desierta? pues parece evidente, un barco; o esa otra de ¿qué tres deseos le pedirías a un genio?, lógicamente con uno diciendo que a partir de entonces se cumplieran todos los demás estaría más que solucionado. Y todavía sobraban dos.
Ocurre igual con la de '¿cantidad o calidad?' La respuesta no puede ser más fácil: las dos cosas. Y que nadie diga que es imposible; la calidad se puede aprender, un poco de paciencia y mucha práctica son técnicas que no suelen fallar. En cuanto a la cantidad, ningún problema. Hoy, en [Solo los usuarios registrados pueden ver los links. ], y directamente de los libros más antiguos y sagrados del hinduismo, los vedas, destripamos el método que usan sus grandes próceres para tener un pene más largo, flexible y resistente.
Consiga un pene de lo más pinturero en tan solo dos pasos. Para disfrute propio o ajeno. ¿Alguien da más?
- Paso primero: restriéguese el miembro con las púas de ciertos insectos que viven en los árboles. (He preferido omitir públicamente el nombre del bichito en cuestión en previsión de su más que posible caza indiscriminada)
- Paso segundo: úntese con aceite diez noches seguidas.
Transcurrido este tiempo hay que repetir el paso primero y el segundo hasta conseguir el tamaño deseado. Una vez alcanzado, el individuo en cuestión ha de colocarse boca abajo e introducir el miembro a través de un agujero previamente cavado en su casa.
Y a disfrutarlo todos. ¿Fácil no? Hasta el lunes.
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Última edición por Incubo fecha: 02-06-2008 a las 08:58 PM.
Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo segundo: 'Para los políticos, todo inferior es un esclavo, todo igual un enemigo y todo superior un tirano” José Cadalso, 1741-1782; escritor español)
Etimológicamente la palabra 'cónyuge' proviene de 'yugo', nombre de un apero de labranza con el que se solían sujetar a los dos animales que tiraban del arado y que les obligaba a realizar todas las tareas en común sin posibilidad alguna de separarse.
Etimológicamente el vocablo 'trabajo' proviene del término latino 'tripalium', palabra usada para designar un caballete utilizado para torturar y azotar a los acusados.
Así, ambas cosas se entienden mucho mejor.
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Última edición por Incubo fecha: 02-06-2008 a las 08:57 PM.
Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo primero: 'Los hombres más leales, más sinceros, más nobles, más candorosos y más buenos del mundo se los encontró el capitán Cook en Oceanía; pero estos hombres tenían un defecto: eran antropófagos' (Julio Camba, 1882-1962; periodista y escritor español)
Cuando Conrado III de Alemania puso sitio a la ciudad de Winsberg, que le había salido güelfa al pobre, anunció que pasaría a cuchillo a todos sus habitantes. Pero cuando al fin la ciudad fue obligada a rendirse por falta de víveres (1138) condescendió el rey a dejar salir a las mujeres, aunque sin otro equipaje que “las prendas que más estimaran”.
Se abrieron las puertas de la ciudad y empezaron a salir las señoras; la primera, la condesa Ida llevando a cuestas al conde Wëlf VI de Babiera, algo que dejó asombrados a los sitiadores, y no porque una señora tan principal hiciera de porteadora, sino porque la prenda que más estimaba la condesa resultaba ser, además de su marido (algo que ya de entrada extrañó y mucho) otros dos mozalbetes aferrados desesperadamente a las lustrosas carnes de la señora condesa, unas carnes que, por cierto, parecían conocer a la perfección.
Las demás mujeres llevaban de igual forma a sus padres, hijos, prometidos, amantes. Era un espectáculo conmovedor. Hubo una mujer vigorosa que sacó bajo un brazo a su marido, bajo el otro a su amante y a la espalda a su cuñado viudo. Muchos esposos encaramados a la espalda de su señoras tuvieron que acceder a que un joven atlético, desconocido por ellos hasta el momento, se encaramara a su vez en sus propias espaldas antes de que la mujer accediera a partir. Algunas puestas a elegir, dejaron en tierra al marido, sugiriéndoles que cargara con ellos la madre que lo parió. Por salir, salieron hasta hombres disfrazados de mujer acarreando a muchachos de aspecto delicado y modales exquisitos.
En fin, fue una jornada memorable que puso en evidencia la hermosa solidaridad entre los hombres –sobre todo cuando la mitad son mujeres- la capacidad de una raza vigorosa para el acarreo y, sobre todo, la buena disposición de las alemanas para repartir amor.
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Última edición por Incubo fecha: 02-06-2008 a las 08:56 PM.
Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo: 'La química orgánica es la química de los compuestos de carbono. La bioquímica es el estudio de los compuestos de carbono que andan a cuatro patas'. (Mike Adams, 1956, criminólogo estadounidense)
Aunque aún hay quien hace apología de ella, debería estar completamente desacreditada la teoría de que el primer vestido del hombre fue una hoja de parra. Si eso hubiera sido así, con una mano ocupada en mantener en su sitio tan liviano e inestable vestuario, le hubiera sido imposible al hombre progresar, incluso lo poco que ha progresado. Por ejemplo, ¿hubiera sido capaz de cazar con una sola mano, que para mayor dificultad sería seguramente la izquierda? La respuesta es, evidentemente, no.
Y no hablemos de la actividad intelectual que exige una mente libre de preocupaciones inmediatas ¿Hubiera sido capaz el hombre de hacer esas esculturas de mujeres desnudas -más bien gordas- que tanto le gustaban pensando continuamente en sujetarse la hoja? Evidentemente no.
Aún más penosa sería la situación de la mujer, que por su peculiar configuración anatómica necesitaría las dos manos para mantener en su lugar su dos-piezas vegetal (eso sin entrar en la dificultad que algunas tendrían para encontrar hojas de parra del tamaño adecuado para sus zonas superiores), algo que las dejaría absolutamente indefensas frente a los peligros de la existencia y las audacias de los varones desenvueltos. Que en estas cuestiones eran todos.
Es hora de proclamar que en los primeros tiempos el vestido no existía en absoluto y que la humanidad emprendió el camino de la decencia no por decoro sino simple y llanamente porque empezó a tener frío. Algo muy a tener en cuenta ahora que empieza a hacer calor.
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Última edición por Incubo fecha: 02-06-2008 a las 08:56 PM.
Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo quinto: 'Copiando a todos los demás todo el tiempo, el mono un día se cortó su propia garganta' (Proverbio africano)
La decisión está tomada. Bajas al supermercado de enfrente y entre miles de cajas coges la que tiene la foto de la señora más sonriente y con el pelo más negro. Las nieves del tiempo más que platear mi sien están empezando a dejarla blanco nuclear. Y a ciertas edades todo lo nuclear es peligroso. Además, si algo falla se va en seis lavados. Dicen.
Primer paso, prepararlo todo. Es lo que tienen la primera vez que uno hace algo, es la única dónde intentas organizarte y hasta procuras seguir las instrucciones. Busco el reloj de horno con forma de huevo color lila, ése que no he usado en mi vida, y una toalla para poner encima de los hombros, eso sí, vieja, que aunque en los ocho días de oro de la quincena blancolor hay un montón de ofertas tampoco es plan de estropear una de las que le pongo a las visitas (que son buenas, el último hotel tenía cinco estrellas). Manos a la obra.
Primera dificultad, los guantes de plástico que trae no sirven. Intento meter dedos pero parece que no hay agujeros suficientes, digo yo que como parecen de dibujos animados quizá sólo tengan para cuatro. Me rindo enseguida y voy a por unos de latex que tengo en el cajón. Sí, es verdad, tengo varias cosas de latex en casa. Guantes también.
Hay que mezclar el líquido A con el líquido B y agitarlo. Lo mezclo, lo agito, y aquello cambia a un color rojo que empieza a no gustarme demasiado, hasta me da un poco de miedo. Resisto la tentación de salir corriendo. Estoy demasiado ocupado intentando que la toalla no deje ningún agujerito como para prestarle mucha atención a un color. Dice la caja que hay que aplicarlo sobre el pelo limpio y húmedo. Allá voy. La sensación de mojarme el pelo con los guantes de latex hace que me chirríen los dientes.
De pronto me miro en el espejo, me veo desnudo, con una toalla vieja en los hombros y unos guantes de latex en las manos. Me asusto mucho, me siento y espero a que se me pase. Cojo el líquido, que ya va poniéndose de un extraño color vomito de perro con gastritis, y lo dejo caer por el lavabo pensando... !pobres mujeres, lo que tienen que aguantar..!
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Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo sexto: '¿Puede haber algo más ridículo que la pretensión de que un hombre tenga derecho a matarme porque habita al otro lado del agua y su príncipe tiene una querella con el mío aunque yo no la tenga con él?' (Blaise Pascal, 1623-1662; científico, filósofo y escritor francés)
Seguro que esto es una perogrullada, pero no me importa repetirlo porque es de las cosas que parece que se nos olvida siempre. Sólo hay en la Naturaleza dos especies de animales que atacan a sus congéneres con la intención de destruirlos: la hormiga (sólo cinco clases de las innumerables que existen) y el hombre (de cualquier raza, color y religión).
Con la diferencia, a favor de las hormigas, de que éstas no ocultan su propósito, que es el de apoderarse de la despensa del otro para aumentar la propia. En cambio, el hombre, con el mismo exacto propósito, se escuda en rimbombantes conceptos y sublimes supuestas intenciones.
No le basta al hombre ser el asesino de su propia especie, encima va y lo explica.
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