No solamente Indiana Jones a pecado de inexactitudes en relaciòn a Perù
en Rusia tambien le dan con palo.
INDIANA JONES Y LA CALAVERA DE STALIN
DANIEL UTRILLA desde Moscú
28 de mayo de 2008.- Azuzado por el pataleo del niño que todos llevamos dentro, me meto a ver la
cuarta entrega de Indiana Jones en una multisala del centro de Moscú (11 euros por barba). 'Otra vez somos los malos de la película, como siempre', oigo musitar a mi derecha en cuanto aparece l
a Cruella De Vil de turno, Irina Spalko, una sierva de Stalin con acento ucraniano, flequillo cleopátrico y verbo cortante como tajo de hoz comunista.
Durante la proyección del filme, me llama la atención una cosa: el público moscovita descorcha risotadas burlonas en momentos que a mí no me hacen ni pizca de gracia. No tardo en deducir que las risas afloran cada vez que la película subraya el lado más oscuro y estereotipado de los rusos. Son cuatro los momentos:
1.- Cuando se presenta a la malvada Spalko como
'preferida de Stalin'.
2.- Durante un baile de los soldados soviéticos, que matan el aburrimiento en la selva amazónica lanzando coces en cuclillas sumidos en el fragor de una danza folclórica alrededor del fuego.
3.- Cuando la malvada (con hoz y martillo estampados en la chepa) suelta un discurso ante
Indiana Jones maniatado y se refiere al 'gran Stalin'.
4.- En el instante en que los rusos, lanzados en trepidante persecución contra un Harrison Ford motorizado, parten por la mitad una manifestación anticomunista en la que aparece una pancarta en la que puede leerse:
'antes muerto que rojo'.
Cuando en 1989 se estrenó la tercera entrega de Indiana Jones, la URSS todavía existía y los guionistas de Hollywood seguían entrando al trapo de la bandera roja como habían hecho en tantas
películas nacidas de la bipolaridad:
Cortina Rasgada,
la saga 007,
Firefox,
Rocky IV,
Octubre Rojo...
Ahora,
diecisiete años después de la caída del régimen comunista, los rusos se siguen sorprendiendo de su maldad presupuesta y de que los nazis de la trilogía de 'Indiana Jones' hayan dado el relevo a los soviéticos en esta cuarta entrega ambientada en
1957, punto álgido de la Guerra Fría.
Sin embargo, a tenor de las risotadas, parece que los rusos se lo toman a bien, con la misma condescendencia con que aceptarían la rabieta de un abuelo gruñón.
'Spilberg no recuperó los tópicos, si no que se burló de ellos', escribe un crítico local.
Mientras, el
Partido Comunista ruso no le ve ninguna gracia al asunto, califica el filme de 'propaganda antisoviética' y
exige al Ministerio ruso de Cultura su retirada de los cines.
Aunque las críticas de los rusos destilan rencor, intuyo cierta delectación por saberse protagonistas de una superproducción como esta. Como suele decirse: 'que hablen de uno, aunque sea mal'.
-'Los rusos no eramos tan malos en la época soviética como nos pintan.
¿Tú crees que eramos tan malos?', me preguntan con cierta indignación al salir del cine.
-'El pueblo no era malvado. Pero en lo que atañe al fanatismo de sus líderes, quizá
Spilberg se ha quedado corto en su caricatura', respondo. Una cosa es segura: Si Harrison Ford sigue removiendo las ruinas de la URSS en busca de huesos y calaveras aterradoras, seguro que acabará topándose con la momia de Lenin.
todavia està fuerte esta tìa
